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HISTORIAS

No puedo seguir de
esta manera

Una historia con
buenas noticias

Abandonado a las calles

Ha sido un año duro. La mayor parte del tiempo yo no habría podido decirte donde estaba mi hija. Cómo ocupaba sus días o con quién. Carrie es una mujer ya, atractiva y de buen corazón, pero también padece de una de las enfermedades mentales más extenuantes: esquizofrenia.

Fueron demasiadas noches las que no supe dónde dormía. Carrie vivía parte del tiempo en la calle. Comía en las misiones del centro y se juntaba con los transeúntes vagos que pueblan las peores calles de la ciudad. Al igual que Carrie, muchos de ellos también eran enfermos mentales. Ella bebía con ellos, se vestía como ellos y pensaba como ellos. Y estaba en gran peligro. Después de su diagnóstico, hace un año y medio atrás, comenzó a bajar por la horrible espiral que lleva a la calle.

No, realmente comenzó mucho antes de eso para Carrie. Me imagino que así le sucede la mayoría de las veces a las personas con enfermedad mental. Simplemente la vida no anda bien. Uno de los aspectos más crueles de esta enfermedad es que los afectados enajenan muy fácilmente a los más cercanos antes que se sepa que están enfermos. En efecto, les roba el amor y el apoyo que son vitales para manejarse en la destrucción creada por la enfermedad mental. Las relaciones se desgarran, hogares y familias se pierden, y los futuros anticipados se evaporan. El respeto se erosiona y la persona suele quedar sin nada y sin nadie. Todo esto en el momento de sus vidas en que están menos capacitados para ayudarse a sí mismos.

Si tienen suerte, tendrán al menos a una persona que no se dé por vencida, una persona que no retroceda frente a una mente en caos. Pero confiar en esa persona es otro asunto. Cuando las alucinaciones y delirios implican a sus seres queridos, imaginándolos en siniestras conspiraciones, se sienten solos, solos en la forma más esencial. Es comprensible que muchas personas pierdan las esperanzas y tomen decisiones basadas en la necesidad de calmar el dolor del momento.

Mis esfuerzos por buscar ayuda para ella encontraron obstáculos legales, leyes que exigían que ella debía ser peligrosa para sí misma o para los demás antes de poder ser recluida contra su voluntad.

A medida que pasaban los meses, esa alma gentil que yo conocía fue devorada por los demonios mellizos esquizofrenia y alcoholismo. En su mente yo me transformé en su enemigo, y por lo tanto no tenía poder alguno para ayudarla. Mi hija se alejaba incluso del toque de mi mano y sus ojos parecían vacíos de cualquier sentimiento. Carrie se estaba matando lentamente y parecía que no había nada que yo pudiera hacer. Mientras más impotente me sentía, más perdida y sin esperanzas parecía la situación.

...Comencé a ir a reuniones de apoyo y descubrí que no estaba sola. También comencé a aprender a ser una eficiente defensora para mi hija. Leí toda la literatura, lo que pude encontrar acerca de la enfermedad que había devastado a nuestra familia. Y empecé a explorar el sistema de atención de salud mental.

Finalmente surgió la oportunidad de llevar a Carrie al Centro de Crisis, oportunidad que tomé de inmediato. Conocía los requerimientos y todos los criterios solicitados. Sigue siendo un paso difícil de tomar para un progenitor, pero es probable que nadie mas lo haga. Como era de esperar, Carrie reaccionó con rabia y lo tomó como una prueba de que yo era una traidora. Yo sabía que la balanza no estaba a favor nuestro y de hecho la cosa no anduvo sobre rieles. Pero perseveré y finalmente logramos una audiencia. Yo testifiqué y recé por que el juez viera que Carrie era un peligro para sí misma. Gracias a Dios así fue.

Al ser recluida contra su voluntad, las cosas empezaron a cambiar para Carrie. Lentamente al comienzo a medida que su rabia se calmaba y luego en formas más sutiles. Las visitas de dos minutos con palabras duras se tornaron en visitas de cinco minutos de conversación nerviosa.

Gradualmente comenzó a darse cuenta del mundo que existía fuera de su mente turbada. Empezó a peinarse y a tomar interés en cómo se vestía. Yo no confié en esta nueva conducta al comienzo. Me preguntaba si Carrie no estaría montando un acto para impresionar a los doctores. Puede que lo haya hecho al principio. Pero mientras más tiempo pasaba ella allí, más mejoraba. Luego de seis semanas fue posible una vez más mantener una agradable conversación con mi hija.

Mi mayor temor era que el hospital la diera de alta demasiado pronto. Su nuevo medicamento estaba cumpliendo su parte, pero Carrie necesitaba orientación y educación antes de enfrentar nuevamente los desafíos de la vida allá fuera. Yo sabía que si la daban de alta prematuramente, ella eliminaría sus medicamentos como lo había hecho antes y volvería al alcohol y eventualmente a las calles. El patrón es familiar para la esquizofrenia.

Su padre y yo tuvimos reuniones con los médicos y las visitadoras sociales y los encontramos receptivos con respecto a nuestras preocupaciones. El sistema le está dando a Carrie una real oportunidad esta vez, y está progresando mucho …

Ninguna de las personas con las que he conversado espera que este sea el fin de los problemas de Carrie. Yo tampoco. Ella necesitará ayuda para salir adelante allá afuera. Necesitará una familia a la que le importe. Carrie la tendrá. También va a requerir una comunidad que no le dé la espalda a las enfermedades mentales. Seguirá necesitando profesionales dedicados que le enseñen a manejar las complejidades de la vida.

Pero, en el intertanto, he recuperado a mi hija. Carrie me abrazó ayer y me dijo, "te quiero". El tratamiento funciona.


ASOCIACIÓN MUNDIAL PARA LA ESQUIZOFRENIA Y TRASTORNOS RELACIONADOS
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