Panfleto No. 10d:
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UN MILLÓN DE HISTORIAS
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Asamblea de Salud Mundial (WORLD HEALTH ASSEMBLY), 14 de MAYO de 2001.
Discurso de apertura a los ministros de salud.
Diane Froggatt, Directora Ejecutiva.
World Fellowship for Schizophrenia and Allied Disorders.
Imagínate que tienes un hijo o hija al final de su adolescencia
o de unos 20 años de edad. Poco a poco te das cuenta que las cosas
no andan bien, de hecho andan muy mal. Habla solo/a, se queda en su habitación
enroscado/a en sus frazadas. No sale de día porque cree que la
gente le amenaza.. No come porque teme que le puedas envenenar. Parece
no poder pensar claro. Se levanta de noche y enciende la radio con el
volumen al tope tratando de ahogar las voces que escucha. Todos en la
familia están inquietos, y luego alarmados por lo que apenas se
atreven a reconocer la temible posibilidad de esquizofrenia, de enfermedad
mental.
Estás en una encrucijada. ¿Buscarás tratamiento
para tu ser querido? ¿Es que el estigma está tan enraizado
que no lo harás? ¿Conseguirás tratamiento si lo buscas?
Si lo obtienes, ¿lograrás conseguir ayuda para que puedas
manejar esta nueva realidad? ¿Habrá ayuda para poder habértelas
con una persona con su mente alterada en medio de la familia?
No olvides, están cerrando los hospitales para enfermos mentales,
no porque no haya nuevos casos de trastornos mentales sino porque los
hospitales son el símbolo de todo lo que es restrictivo y de la
antigua "atención custodiada". Y sabemos que muchos son
restrictivos y tienen atención custodiada, aunque muchos están
ofreciendo valiosos servicios de punta, de última generación..
Eres una persona educada. Comprendes estas condiciones, o crees que lo
comprendes, pero no puedes aceptar la desesperación emocional que
se manifestará como una sensación física de ansiedad,
incluso de dolor físico en tu corazón. Nunca en tu vida
habrás tenido una experiencia como ésta y rara vez te sentiste
tan inseguro/a sobre qué hacer. Incluso te sientes desvalido/a
y mal preparado. Y este sentimiento es de largo aliento, tal vez de meses
o años. Yo lo sé pues yo lo he experimentado y conozco a
miles como yo. En varias ocasiones he conocido psiquiatras en práctica
clínica tratando esquizofrenia y cuyos propios hijos adolescentes
han desarrollado esta enfermedad. En cada uno de esos momentos estos profesionales
dijeron "Yo creía que sabía todo acerca de la enfermedad
mental, ahora sé que nada sabía".
Entonces sigamos imaginándonos este mismo escenario pero pasemos
a la experiencia de una familia, mi familia, la historia de un millón
de familias.
He pensado larga e intensamente acerca de cómo podría yo
hacerles saber como se siente cuando ya estás totalmente seguro
que tu hijo está en medio de una psicosis. Habíamos ido
al teatro, vimos una obra de teatro. En el intermedio, el director de
la obra salió a escena y presentó a una delegación
de arte de la Unión Soviética quienes visitaban producciones
teatrales en Canadá. Tres hombres fornidos se pusieron de pié,
sonrieron y saludaron con la cabeza al público. Al final de la
obra mi hijo me miró y me dijo "los rusos están aquí
por mí". Se le veía ansioso y nervioso y miraba continuamente
hacia donde habían estado sentados los rusos a medida que nos íbamos
del teatro. Mi corazón pareció caer vertiginosamente a la
base de mi estómago y mi cuerpo fue abrasado por un fuego de ansiedad.
Más tarde cuando mi marido, mi hija y yo comenzamos a aprender
sobre psicosis, mi deseo más profundo como madre fue el de entender
qué sentía mi hijo y qué creía él que
estaba sucediendo dentro de su mente, para poder compartir su experiencia,
aunque sólo fuera por sustitución.
Cuando tienes un trastorno de un neurotransmisor, una alteración
en tu cerebro, esquizofrenia, encuentras confusión, incluso terror
en el diario ajetreo del día. Filtrar todos los mensajes que llegan
a tu cerebro se torna una intensa lucha que no cede nunca. Se hace imposible
cambiar la percepción de una vida terrorífica. Mi hijo buscaba
alivio y soledad y podía vérsele frecuentemente tarde en
la noche, sentado a la mesa en la cocina, silenciosamente tomando té.
En una de estas ocasiones me uní a él y así comenzaron
nuestras "conversaciones de trasnoche" Si hubieras podido escucharnos
lo habrías encontrado obsesionante.
"Mira mis manos, mamá. Es horrible ". Me estiraba los
brazos y se los miraba girando las palmas de las manos hacia abajo y luego
hacia arriba. ¿Qué es lo que él podía ver?
"La carne, el músculo, la sangre, está todo allí
y llega hasta la mitad de mis brazos
cuando estuve en el hospital
mis piernas y mis pies también eran así, y mientras más
penetraban en mi cuerpo más aterrorizado estaba yo. Si me toma
todo el cuerpo se acabará la vida para mí."
Ésta era su realidad. Sentir que su cuerpo se estaba desintegrando
era completa y permanente locura. Cuerpo y extremidades que parecían
una ilustración de un texto de medicina o un accidente carretero.
Le tuve que decir que yo no veía nada de esto. Sus manos eran como
las manos de cualquier hombre y sus brazos eran firmes y fuertes. "¿Se
quedan así para ti?" le pregunté, y me respondió
que se miraba las manos para ver cuan bien o cuan enfermo pensaba que
estaba.
Y me contó que a veces era como si todo su cuerpo estuviera encajonado
en un molde de pintura haciéndole sentirse rígido y constreñido.
Y tenía ideas extrañas que yo no podía entender.
No podía ducharse por temor a integrarse con el agua y que su
cuerpo se desgastara. ¿Cómo te imaginas que sería
eso?
Y así, noche tras noche, mes a mes, de año en año,
conversamos, o no conversamos, a la luz de la lámpara de mi cocina
y esta imagen de nosotros está grabada en mi memoria, pues a pesar
de continuar con su tratamiento, la enfermedad siguió implacablemente
adelante.
Aprendí lo que es realmente escuchar a alguien, y esperar todo
lo necesario para escucharle decir lo que tiene para decir. Tuve que aprender
a frenar mi propia necesidad de ser escuchada, a favor de mi necesidad
de comprender.
Él realmente creía que era capaz de llevar a otra persona
dentro de sí mismo. Que podía conocer los sentimientos de
los otros y que podía transmitir sus pensamientos a otros. A veces,
durante el día, cuando me observaba con una enigmática mirada,
yo sabía que estaba tratando de decirme algo mediante alguna forma
de transmisión del pensamiento.
Me contó que para él, una caminata en la calle implicaba
la permanente percepción que uno podría tener si siempre
te fueras a encontrar con un perro rabioso. Un día no pude llevarlo
a su cita regular con su médico. Planeamos como él iría
en bus. Al rato de haber salido escuché que se abría la
puerta de entrada y había vuelto. ¿Qué pasó?
"Me subí al bus" me dijo, "pero todos me miraban
fijo. Sus ojos me atravesaban. No lo pude aguantar así es que me
bajé y me volví a casa".
Hubo meses de recuperación de la psicosis aguda que rápidamente
pasaban a exacerbaciones de la enfermedad y meses en el hospital, que
nuevamente eran reemplazados por más meses tratando tan desesperadamente
de mejorarse.
Mi hijo ha tenido doce hospitalizaciones de más de dos meses de
duración en total, algunas han durado cuatro meses, en un país
donde suele ser difícil entrar al hospital y donde el alta suele
ocurrir demasiado en forma prematura. Ha necesitado a su familia como
la necesitamos todos cuando estamos seriamente enfermos, como todos, todo
el tiempo. Y su familia ha estado con él. Durante sus primeras
hospitalizaciones lo visitábamos todos los días. Él
dice que me recuerda nítidamente caminando a lo largo de la sala
en mi famoso abrigo de lana para estar con él. Si todavía
recuerda ahora, entonces el amor de la familia debe haber sido muy importante
para él. Hace poco hablé de esto a "La Nación"
en Buenos Aires, lugar donde se impide a las familias durante varias semanas,
visitar a su ser querido, una vez que es hospitalizado. ¡Qué
inhumano!
A medida que sus amigos lo abandonaron, la familia trató de tomar
ese lugar, transformándose en su grupo par. Al tiempo que su capacidad
para manejar su vida en la sociedad se iba esfumando, fue la familia quien
lo llevó al teatro, al campo, a su doctor, a su dentista, y mientras
más se alejaba de una vida social coherente, fue la familia quién
le compró su ropa, sus zapatos y siguió cuidándolo.
Pero ya era un hombre y respetábamos eso, y aunque confiaba en
nosotros para tantas cosas, tuvimos que reconocer su adultez y de alguna
manera preservar su auto-respeto.
Por supuesto que ésta no es sólo mi historia, ni es sólo
la historia de mi familia, es la historia de cientos, miles y millones
de familias que han debido enfrentar lo mismo. Y puedes encontrarnos,
a nosotros las familias, en todas partes del mundo. Y estamos en Tokio
y en Toronto, en Bangalore y Budapest, en Ankara y en Kampala.
Muchas veces hemos sufrido abusos por palabras y acciones físicas,
pero nuestro amor, nuestro deber, nuestra responsabilidad y nuestra esperanza
para nuestros seres queridos nos ha permitido sobrellevar esos momentos
destructivos. Hace dos meses, mi amigo Mehmet, que vive en Izmir, en Turquía,
me dijo, "No estoy bajo tierra todavía. Estoy aquí
y lucharé por mi hijo". Qué fibra, qué vigor
tienen él y su esposa, y otros como ellos. Qué bravura para
aceptar lo que deben hacer, ya sea en violencia o en sosiego.
Dieciséis años de trastorno. Le roba a la familia las vidas
que podrían haber tenido. Sin embargo te devuelve algo especial
y te transforma en la persona que nunca habrías sido si no hubiera
llegado la esquizofrenia a tu familia y a tu primer hijo. Durante muchos
años parecía no haber ayuda, y como me sentía desesperanzada,
me uní al movimiento familiar y me puse a trabajar para lograr
mejor atención y tratar de aliviar algo el sufrimiento de otros.
Pero, en los primeros años no podía compartir con otros
debido a la gran cantidad de fuertes emociones de duelo que me acometían
al hablar de ello. Sólo más adelante he llegado a ser defensora
de los enfermos mentales y sus familias.
Y desde 1987 he tenido el honor de manejar el please add here Martha´s
translation of the WFSAD (World Fellowship for Schizophrenia and Allied
Disorders) en calidad de directora ejecutiva, organización iniciada
por Bill Jefferies en1986, quién recibió la Orden de Canadá
por su trabajo con familias cuyos seres queridos habían desarrollado
esquizofrenia.
El objetivo de la organización es el de fortalecer a las familias,
ayudar a formar organizaciones de auto ayuda que les permitan aprender
acerca de estas enfermedades y adquirir suficientes habilidades para trabajar
con su pariente hacia la estabilización y mejoría funcional.
En la actualidad hay 25 países que cuentan con organizaciones
nacionales de defensa y de auto-ayuda familiar. Puedes ver si tu país
pertenece al World Fellowship en nuestro póster afuera. Y por lo
menos 25 a 30 países más tienen organizaciones familiares
locales o regionales, algunas de las cuales fueron fundadas con ayuda
de la WFSAD. El movimiento familiar ya tiene casi 30 años de existencia
y la organización familiar más antigua proviene de Japón.
Se llama Zenkaren. También es una de las más grandes, como
la Alianza Nacional para los Enfermos Mentales en los Estados Unidos de
América (National Alliance for the Mentally Ill in the United States).
Estas dos organizaciones se cuentan entre nuestros miembros. Y las organizaciones
más pequeñas se encuentran en Uganda y Kenya, donde gente
muy valiente, Walunguba Thomas, enfermera psiquiátrica de Kampala,
y Lilian Kanaiya enfermera jubilada y madre de dos personas con esquizofrenia
en Nairobi, iniciaron las organizaciones familiares nacionales.
De pié aquí, hablándoles a Uds., me angustia un
poco que el reconocimiento que me ha otorgado la Organización Mundial
de la Salud (World Health Organization) como miembro familiar se base
en el infortunio de mi hijo.
Mi único motivo para aceptar el honor de dirigirles la palabra
es que Uds. se irán de aquí con compasión y comprensión
en sus corazones por aquéllos que luchan para sobrellevar la angustia
de la enfermedad mental, y para las familias que los apoyan. Que se irán
de aquí con la determinación de sacar y diferenciar la enfermedad
mental del oscurantismo donde fue escondida por lo social y lo político.
Ningún político ha ganado votos por abrir una residencia
para los enfermos mentales, a pesar de lo útil o hermosa que haya
sido. Sin embargo, abocándose al cuidado apropiado de su población
mentalmente enferma se aumenta el estándar de vida de tu país.
Puede que no ganes votos ahora, pero al contar la historia real puede
que los obtengas en el futuro. Proveer buena atención médica
para aquéllos con enfermedad mental en hospitales generales y clínicas,
es tan importante como proveer dichos cuidados para pacientes con enfermedad
cardíaca, cáncer o cualquier otra enfermedad mayor..
No crean que destruyendo sus instituciones mentales de alguna manera
van a destruir a la enfermedad mental misma. Cada día que pasa,
más personas desarrollan trastornos cerebrales como la esquizofrenia,
y muchos de ellos tendrán síntomas difíciles. No
podrán funcionar bien en la sociedad a menos que tengan tratamiento
adecuado y un alto nivel de apoyo, no solo de sus familias, sino también
de servicios gubernamentales y organizaciones no gubernamentales simultáneamente.
Aunque las condiciones psiquiátricas son responsables de un poco
más del 1% e las muertes, ellas constituyen casi el 11% de la carga
mundial de enfermedad en todo el mundo. De las diez principales causas
de discapacidad en todo el mundo en 1990, medido por años vividos
con una discapacidad, cinco fueron condiciones psiquiátricas incluyendo
a la esquizofrenia. En conjunto, las condiciones neurológicas y
psiquiátricas constituyeron el 28% de todos los años vividos
con discapacidad, comparado al 1,4% de todas las muertes y el 1,1% de
años de vida perdidos.
Ya no se puede barrer bajo la alfombra el área de la enfermedad
mental. Habemos demasiados haciendo , y haciéndolas muy seguido,
como para que no sean tomadas en consideración o para que nos contesten
con palabras huecas. Con cada pregunta que hacemos a cada político,
abrimos más y más las puertas para la enfermedad mental,
y dejamos entrar la luz para que al final nadie tenga vergüenza.
Nadie va a murmurar en la esquina, nadie volverá a esconder a su
pariente. Las personas mismas con enfermedad mental no soportarán
el estigma interno que proviene del desprecio de la sociedad, de la repugnancia
de la sociedad, del abandono de la sociedad. Así como el cáncer
salió del armario en los años sesenta y el SIDA salió
del armario en los años noventa, la esquizofrenia saldrá
del armario en los próximos años. Y nosotros apoyamos esta
tendencia al hablar claro y homenajear a aquella gente con enfermedades
mentales, y que han tenido el valor de decirle al mundo lo que han sufrido.
Recuerdo particularmente a Ian Chovil, con quien compartí un premio
de la Sociedad de Esquizofrenia (Schizophrenia Society) hace varios años.
Ian tiene un sitio web, donde clara y articuladamente aboga por tratamiento
y atención oportunos.
Nunca me he avergonzado de lo que ha ocurrido. Supe desde el comienzo
que la esquizofrenia es una enfermedad como cualquier , y no es culpa
de nadie. Saludo a mis buenos amigos y a aquellos con quiénes he
compartido mis pensamientos cuando he estado triste. Han apoyado a mi
familia, igual que a mi hijo. Ellos han sido bondadosos.
Hay una severa desorganización familiar, a medida que cada miembro
de la familia encuentra su propio método para vivir el día
a día. Toma meses para que emerja cualquier plan de tratamiento,
vivas o no en un país desarrollado o en el país menos desarrollado.
Durante ese tiempo, tú, el mejor recurso de la persona, estás
totalmente sin apoyo, incluso al punto del desamparo y aislamiento. Puede
que pierdas días de trabajo tratando de contener una psicosis aguda,
o que pierdas días asistiendo al juzgado cuando tu pariente enfermo
tal vez haya dado un puñetazo al defenderse de lo que él
percibió como amenaza. Puedes perder días buscando a tu
hijo que ha desaparecido.
Antes de terminar de escribir estas palabras, se las leí a mi
hijo. Me dijo, "está bien recordar los malos momentos, pero
ahora está mejor. Los tiempos están buenos. Mira, he comenzado
a trabajar este último mes". Y tiene razón. Después
de todos estos años de enfermedad, es capaz de trabajar una tarde
a la semana en un café, que es amparado por una concesión
gubernamental como parte del sistema de salud mental de Toronto.
El fin de semana pasado me preguntó cuánto tiempo debía
trabajar allí. Está empezando a pensar en términos
de conseguir un verdadero trabajo. Pero yo sé que eso no va a ser
tan fácil. Medio día trabajando en una empresa que reconoce
el valor de trabajar con pacientes psiquiátricos en recuperación,
no es lo mismo que una semana de cinco días de trabajo entre gente
que rara vez tolera los errores de las personas. La sociedad se ha tornado
pródiga en reproches, acusadora, sin tolerancia para la excentricidad,
intolerante para el comportamiento que no calza con el patrón actual.
Y esto lo hace difícil para todos.
Así es que les diré que sí, los tiempos están
buenos para una familia que mide el éxito en milímetros.
Gozamos con la compañía de cada uno, hacemos chistes, nos
reímos, aceptamos la vida como es y seguimos esperando que nos
valoren. Que podamos seguir alimentando el amor, la felicidad, la salud
y la serenidad en nuestras vidas.
Al menos una vez a la semana me repito la Oración de la Serenidad:
Señor, dame la fortaleza
para cambiar las cosas que puedo cambiar,
para aceptar las cosas que no puedo cambiar
y la sabiduría para conocer la diferencia
ASOCIACIÓN MUNDIAL PARA LA ESQUIZOFRENIA Y TRASTORNOS RELACIONADOS
(WORLD FELLOWSHIP FOR SCHIZOPHRENIA AND ALLIED DISORDERS)
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